Seguidores

11/4/11

GOUMFI



Este enternecedor relato fue el que presenté en el primer concurso de nuestra querida Karol Scandiu. Hoy he querido rescatarlo y subirlo aquí para poder disfrutarlo nuevamente. La portada es obra de mi Dama Bonnie.





GOUMFI:

"BIP... BIP... BIP... BIP... BIP..."

Mi cuerpo, perfectamente monitoreado, me daba paulatinamente la bienvenida, después de superar una nueva crisis. El oxígeno llenaba mis pulmones, con dificultad, pero con éxito. Un día más seguía viva. Un día más que le había arrebatado a la muerte, aunque la victoria final todos sabemos quién la gana.
Respiré profundamente, con cierto trabajo, llenando mis pulmones todo lo que pude. Ahora podía oír, aparte del tedioso “BIP” del monitor, leves sonidos que se colaban en mi habitación por la ventana, alguna de las enfermeras la abría dejado abierta, como a mi me gustaba tenerla. El canto de un gorrioncillo se colaba alegremente, con el del viento jugueteando con las ramas y hojas de los árboles del jardín. La claridad de la luz que percibían mis ojos me dio a entender que era un día soleado. Un día de primavera, de los que tanto me gustaban. Levanté trabajosamente una de mis manos, la que me quedaba libre, y aparté la mascarilla del oxígeno. En la leve brisa que se colaba descubrí ciertos matices, todo un festín para mi olfato. Ahí estaba el sofisticado aroma de la albahaca mezclado con el de las amorosas rosas, el dulce jazmín, y cierto toque del caballero don romero. Daría las horas que me quedaran de vida por volver a ver los campos de mi infancia cuajados de todas esas maravillosas flores, inundando con miles de colores el horizonte.
A mi confusa mente vino claramente un recuerdo de mi infancia. Uno que me acompañó durante toda mi vida. Tal vez fuese lo único que a estas alturas de mi vida más echara en falta, Goumfi, mi Goumfi. Hace tantos años que lo perdí, pero jamás lo llegué a olvidar.
Apenas si recuerdo mi primera noche en la nueva casa a donde nos mudamos papá, mamá y yo. Tenía siete años y no quería quedarme sola en aquel cuarto tan enorme, con mi diminuta cama en medio. Mamá cerró la puerta, con la luz ya apagada, a mi mente vinieron imágenes de horrorosos monstruos que salían del armario y de debajo de la cama.

-¡Mami! ¡No cierres la puerta!
-No pasa nada mi cielo, es para que duermas mejor.
-¡No! ¡No! ¡No! ¡No la cierres!
-María, hemos hablado ya de esto. No hay monstruos en tu armario ni debajo de tu cama. La voy a dejar entornada, ¿Vale? Y tú, a dormir.
-Vale, pero deja la luz encendida.
-¡María! Con la luz encendida no puedes dormir. Te voy a dejar la del pasillo.

En cuanto mamá se fue, un leve temblor sacudió mi cama.

-¡¡¡MAMAAAAA!!!

Salí corriendo por todo el pasillo hasta su cuarto, donde dormía papá ya. Lo desperté y me gané una buena reprimenda, pero con toda la paciencia del mundo, me cogió de la mano y me acompañó a mi cuarto. Me metió en mi cama y me arropó.

-Mira pequeña – decía mientras abría las dos hojas del armario y removía la ropa colgada – aquí no hay nadie. Y debajo de tu cama – se asomó, llegando a arrodillarse – tampoco hay nadie.
-Pero papi, la cama tembló.
-¿Sabes qué la hizo temblar? – se había levantado, sentándose a mi lado en la cama, mientras acomodaba las mantas sobre mi cuerpo – tu miedo. Si no tienes miedo, nada raro pasará. Pero como tienes miedo, tu imaginación hará que veas y oigas cosas raras. No tienes que temer nada pequeña, estás a salvo en casa. Y ahora a dormir, es muy tarde ya.

Me dio un beso en la frente y salió del cuarto, dejando la puerta entornada tal como la había dejado mamá antes. Papá tenía razón, allí no había nadie, y más tranquila me acomodé para dormirme, cuando un nuevo temblor de la cama me sobresaltó, esta vez acompañado de un leve gemido. “¡Goumf!” se oyó de debajo de mi cama.

-¡¡¡PAPAAAAA!!!

Salí disparada por todo el pasillo, y a la mitad papá me detuvo.

-¡Ya está bien María! – Cuando papá me llamaba por mi nombre, es que estaba enfadado – En tu cuarto no hay nadie. – Decía con su voz autoritaria mientras entrábamos – ¿Ves? – me hizo asomarme debajo de la cama.
-¡La cama tembló otra vez, y también me gruñó!
-María ya vale, a dormir o me vas a hacer enfadar de verdad.

Volvió a meterme en la cama, a arroparme, a darme su beso de buenas noches, y a dejarme sola. Y esta vez no podía salir de la cama, así que me senté apoyando la espalda en el cabecero y mis rodillas en el pecho, rodeando mis piernas con mis brazos, y con los ojos como platos esperé otro temblor o gemido de mi cama. Temblor que no llegó, o por lo menos yo no lo noté. Y mientras me repetía una y otra vez que no debía de tener miedo o me imaginaría cosas raras, el sueño fue venciéndome. Entre sueños noté que alguien me acomodaba en la cama y me tapaba, acariciando levemente mi mejilla, mientras me parecía oír dos o tres “goumf” a mí alrededor.

Las siguientes noches fueron más tranquilas, la cama no volvió a temblar, pero en mitad de mis sueños oía esos “goumf”, que lejos de asustarme, eran como una nana con la que sentirse tranquila. Hasta que una noche una de mis manos quedó colgando fuera de la cama, y justo antes de llegar a dormirme del todo, sentí como otra mano me la agarraba suavemente. Abrí los ojos de golpe, pero en vez de salir corriendo a buscar a papá, con la consiguiente regañina, me quedé quieta allí, con esa mano suave y cálida cogida de la mía. De cuando en cuando un “goumf” se oía debajo de la cama, inspirándome tranquilidad. Y así me dormí, pues no me atreví a quitar mi mano de allí. La siguiente noche, una vez en mi cama y con mucha curiosidad, dejé mi mano colgando, y a los pocos minutos volví a sentir el tacto de aquella, tan acogedor. Me acostumbré a dormir así, con mi mano cogida por el monstruo que había debajo de mi cama –dijera papá lo que dijera– y con sus “goumfs” como nana.

Con el paso de los años llegué a hablar con mi monstruo, bueno, yo hablaba, él me contestaba siempre con un “goumf”. Pero sabía que me escuchaba y me entendía. Una noche, después de contarle un chiste que había oído en el colegio, y tras varios “goumfs” seguidos, que yo interpretaba como su risa, al darles las buenas noches lo llamé Goumfi. Él me apretó la mano tiernamente, le gustaba el nombre que le había puesto.
Desde entonces Goumfi y yo fuimos compañeros de cama, yo encima y él debajo, unidos por el simple contacto de nuestras manos, y de nuestras conversaciones. En alguna ocasión quise verlo, y agarrando fuertemente su mano me asomaba debajo de la cama, pero él siempre lograba zafarse de mi agarre, y nunca pude verlo.
Con diecisiete años me fui a la cuidad a estudiar. Tan solo dormía en casa los fines de semana, y algunos días en vacaciones. Y ahí estaba Goumfi, debajo de mi cama esperándome. Aunque él jamás lo llegó a reconocer (a través de sus “goumfs” llegué a descifrar sus respuestas) sé que me echaba de menos esas noches que no dormía allí. Y sé que las noches que sí dormía en casa, al dormirme él acariciaba con su dulce mano mi cara y mi cuello, y peinaba mi cabello con sus dedos.
Cuatro años después, volví a casa a pasar la que sería mi última noche allí, pues al día siguiente me casaba e iría con mi marido a vivir al extranjero. Aquella noche fue la última que pasé con Goumfi, y él a su modo se despidió de mí.

Jamás volvió debajo de mi cama, a pesar de que a los cuarenta y tantos años enviudé, y volví a casa con mis hijos para vivir con mis padres. Recuperé mi cuarto con la misma cama. Y de allí me sacaron mis hijos hace unos meses, al sentirse incapaces de cuidar de mí por mi avanzada edad.
Él jamás volvió. Y yo jamás lo olvidé, teniéndolo presente en mi día a día. En todos los reveses que me daba la vida, yo siempre me hice la fuerte, y con un “goumf” me animaba a seguir con mi vida.

“BIP... BIP... BIP BIP BIP BIP”

Una nueva crisis se adueñó de mi cuerpo, haciéndome temblar mientras el aire se negaba a bajar a mis pulmones. Estaba angustiada, me dolía el pecho. Enseguida acudieron dos enfermeras y un médico.

-¡Ha entrado en paro cardíaco otra vez!

“BIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIP”

Desde la cama sentía cómo el médico se afanaba en traerme, una vez más, a la vida, inyectándome cosas por la vía de mi brazo, y en última instancia con el desfibrilador sobre mi pecho. Las descargas eléctricas recorrían mi cuerpo, haciéndolo saltar en la cama.

“BIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIP”

Dos, tres veces. El tiempo corría en mi contra. La muerte cerebral era ya inminente, pero el médico seguía intentando reanimarme.

“BIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIP”

Mi brazo libre caía fuera de la cama, y lo oí. El único sonido de todo el universo capaz de calmarme y hacerme sentir bien. Un familiar y casi olvidado “goumf” se oyó debajo de la cama, y una añorada mano agarró la mía, infundiéndome la calma que necesitaba en esos momentos.

“BIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIP”

En uno de esos saltos de mi maltratado cuerpo por efectos de la corriente eléctrica mis ojos se abrieron, y por primera vez en veinte años mis ojos volvieron a ver.

“BIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIP”

Vi los médicos, que ya eran dos, trabajando sobre mí. Vi a dos enfermeras detrás de ellos pendientes de todo. Y vi un ser de luz, radiante, armónico, espléndido, hermoso, mirándome a través de los dos pedacitos de cielo que tenía por ojos, agarrado con fuerza a mi mano.

-Goumfi – mis labios, resecos, temblando, apenas si lograron articular su nombre. Él había regresado a mí.
-No tengas miedo María, yo estoy contigo, – oí su aterciopelada voz, acariciando mis oídos. Su otra mano se alargó hasta posarse sobre mi marchita mejilla – siempre he estado a tu lado, jamás te abandoné. ¿No me sentiste día tras día contigo? – sus labios se transformaron en la sonrisa más hermosa que jamás había visto, dejando al descubierto sus perfectos dientes – Ven, sígueme – tiró suavemente de mí, y ya libre de todos los cables que me rodeaban, libre del molesto “BIP” del monitor, y libre de los médicos; le seguí.

Un melodioso “goumf” salió de su garganta, guiándome a su lado, mientras su mano y la mía permanecían agarradas la una a la otra, recuperando para siempre el suave y cálido tacto del monstruo de debajo de mi cama.

4 comentarios:

Nenina dijo...

Oh!!!! lo recuerdo!!!! y me encantó así como aun me encanta!!!!
un relato hermoso y muy muy original!!!:D
quien no querría un Goumfi???
un beso enorme y espero pases una bella semana!!
muaxx

Irene Comendador dijo...

Mi reina, este Gounfi me arranco muchas sonrisas y tambien llantos en su dia cuando le lei, pero ahora no he podido resistirme a volverle a leer, y otra vez me ha encantado. pobre mio, podria haber sido una historia bella de un monstruo que cuida a una niña y con el tiempo ....
pero bueno, creo que cuando sabes que el final es asi de trste, haces fuerza para que termine de otra manera, jajajaja
me encanta esta historia, ¿se ha notado? jajajaja
Besos guapa y nos vemos

Lilyka dijo...

Me encanto Luz, esta increible. Definitivamente tienes que escribir mas, aunque sean one shot, tu puedes y te quedan geniales.

Iris dijo...

Me gustó mucho en su día, me recordó mucho a mis miedos infantiles, e incluso a los de mis nenes, recuerdo que te dije, que me hubiese gustado tener un Goumfi que velara mis sueños.

Preciosa, tierna, aunque con un inevitable triste final pues María se fue.

La portada preciosa, como todas las que hace nuestra Dama Bonnie.

Besos!